Se sabe que como humanos organizados en sociedad estamos limitados y condicionados por ciertas normas y estereotipos sociales, creencias aceptadas en conjunto por cada cultura y época. Cuestiones como el contexto familiar donde nacemos, el cuerpo físico que nos tocó, y las expectativas que los demás depositan en nosotros van moldeando, consciente o inconscientemente, nuestra mente, nuestra identidad y la forma en que actuamos… y en que los demás actúan hacia nosotros.
La Diosa Maya, la señora de la ilusión, es consciente de esto. Después de todo, ella es la encargada de crear, sostener y manipular la simulación que llamamos realidad. Es la que vigila cómo dirigimos nuestro avatar y el rol que a cada uno nos tocó en este videojuego tridimensional llamado vida.
Desde un plano etéreo (e inentendible para la aún primitiva mente humana), ella dedica su eternidad a observar y comprender el comportamiento humano. Llevaba tiempo siguiendo con particular interés a cuatro personajes que contrastaban mucho entre sí.
Por un lado estaban Luna y Vale, dos chicas cis de 22 y 21 años, guapas, seguras y muy femeninas, de esas que parecen encajar perfectamente en el molde de “lo que una mujer debe ser”. Por el otro, Javier y Nico, dos chicos cis heteronormativos de 23 y 24, bien machos en apariencia, de los que presumen conquistas, ven fútbol y se burlan de todo lo que consideran “femenino”.
Maya los observaba con curiosidad. Notaba cómo Javier y Nico, aunque proyectaban una masculinidad sólida, tenían grietas sutiles. Pequeños momentos de envidia cuando veían a Luna y Vale moverse con naturalidad en sus cuerpos, recibir atención sin esfuerzo, sentirse deseadas. Grietas que ellos mismos se negaban a reconocer y transformaban en burlas y comentarios “machistas”
Una noche, borrachos en la habitación de Luna, rodeados de rosas artificiales, Javier propuso aquel ritual.
-“Órale, vamos a probar algo cabrón, ¿o les da miedito?- dijo con esa sonrisa ebria.
Nico lo apoyó entre risas. Luna y Vale, ya bastante pedas, se dejaron llevar con un “¡Órale pues!”. Prendieron velas alrededor de un espejo viejo, se tomaron de las manos y repitieron tres veces aquella frase absurda:
“Que cada quien viva en el cuerpo del otro y descubra lo que realmente es”. Se rieron, se tomaron fotos y se durmieron donde cayeron.
Nadie pensó que el ritual de la mano de la Diosa Maya podía llegar a suceder…
El despertar
Javier abrió los ojos y sintió un peso suave y cálido en el pecho. Se tocó despacio y encontró dos bultos firmes y pronunciados. Bajó la mano a su entrepierna y no había pene. Solo una vulva suave, ya un poco húmeda. Se miró al espejo y se quedó quieto un largo rato. No dijo nada. Solo sonrió de forma lenta, casi culpable, mientras sus dedos exploraban con curiosidad.
Era el cuerpo de Luna.
Nico despertó en el cuerpo de Valeria y tuvo una reacción parecida. Se miró las curvas, las tetas, la vulva… y guardó silencio. Solo respiraba más rápido.
Mientras tanto, Luna y Valeria despertaron en los cuerpos de Javier y Nico respectivamente.
Luna se tocó abajo y encontró un pene duro, pesado, y sintió el peso de sus nuevos testículos colgando Se miró al espejo y se quedó helada, con su mente de mujer cisgénero sin saber cómo procesar aquellas sensaciones tan ajenas
-No… esto no es mío- se agarra el pene con asco ¿Qué carajos es esto?
Vale estaba igual. Las dos se sentían sucias,ajenas, atrapadas en cuerpos que no eran suyos.
Los primeros días
Javier y Nico no hablaron mucho al principio. Se movían con una curiosidad callada, casi culpable. Javier pasaba mucho tiempo frente al espejo, probándose ropa de Luna, tocándose las tetas, explorando la vulva con dedos lentos. Nico hacía lo mismo en privado. No decían “siempre quise esto”. Solo se miraban entre ellos con una intensidad nueva y cierta complicidad.
Luna y Vale notaban esto y lo interpretaban como algo raro. Sus “amigos” de siempre, los machos que bromeaban con todo, ahora caminaban diferente, se vestían de manera provocativa, se miraban el cuerpo con demasiada atención y sonreían de forma extraña cuando las veían con sus antiguos cuerpos.
Una noche, Luna al borde de la rabia y la confusión por la situación los confrontó:
-¿Ustedes siempre fueron… jotos o qué? Porque se ven demasiado cómodos con esto de tener tetas, vagina y usar faldas y lencería…-
Javier sonrió despacio, con un brillo en los ojos.
-Tal vez sí… o tal vez es que solo ahora podemos ser honestos, con lo que siempre habíamos sentido-
Decía mientras se acercaba a Luna y le toca el pecho plano
-Mírate… ahora eres el hombre… con mi antiguo pene… Neta, pero por alguna retorcida razón me da morbo verte así.-
La humillación y feminización
A partir de esa noche todo cambió. Javier y Nico, ahora en los cuerpos de las chicas, sin poder soltar del todo el rol dominante con el que fueron educados, a pesar de los cuerpos femeninos y delicados que ahora tenían, como forma de compensación empezaron a feminizar a Luna y Vale de forma obsesiva, con el pretexto de que así “conectarían” con su antigua feminidad y quizás así podrían regresar a sus cuerpos aunque ellos intuían que eso era muy seguramente una mentira cruel
Obligaban a Luna y Vale a vestirse con faldas cortas, lencería y tacones en sus antiguos cuerpos de machos, las maquillaban con esmero cruel y las follaban con arneses todas las noches, llamándolas “nuestras putitas con verga”.
Javier una noche le mencionó a Luna mientras la penetraba con un arnés, su voz ahora fémina, suave y cruel
-Mírate wey… el macho que yo fingí ser… ahora recibiendo verga como la zorra que siempre fui por dentro. Esto es lo que merecía-
Luna y Vale, aunque se sentían profundamente humilladas y extrañaban su vulva con dolor, terminaban corriéndose con el arnés dentro, gimiendo con voces graves, lágrimas de placer y vergüenza mezcladas.
-Esto es humillante… tengo pene… soy hombre… y sin embargo… me siento… tan llena… como si solo así pudiera ser yo misma-
Javier y Nico disfrutaban el poder. Les excitaba ver a sus antiguos cuerpos masculinos vestidos de chicas, siendo usados y humillados. Les encantaba feminizarlos.
Una noche, después de follar, Javier (en cuerpo de Luna) abrazó a Luna (en su antiguo cuerpo) y le susurró al oído:
—Neta me excita un chingo verte con mi antiguo cuerpo… con pene… con hombros anchos… y que aun así te pongas falda y dejes que te follen como la puta que yo siempre quise ser, pero nunca me permite por los malditos estereotipos sociales-
Luna solo cerró los ojos, rota, confundida y excitada, y asintió.
La Diosa Maya a lo lejos aprendía y se deleitaba con la condición humana y lo frágil de la identidad de los humanos viendo como “el swap que nadie esperó” para estas cuatro identidades cruzada se convirtió en su nueva realidad retorcida.
Dos chicos que siempre fueron chicas por dentro, ahora en cuerpos femeninos, dominando y feminizando a sus antiguos cuerpos. Y dos chicas que aprendieron a encontrar placer y conectar de forma burda y retorcida con su feminidad perdida siendo penetradas aunque ahora ellas tuvieran un pene colgando de ellas.
